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Mis amigos me inician en el mundo gay

El día de hoy quiero relatar cómo inició todo este cambio en mi sexualidad.

a los once años experimenté mi primer contacto homosexual, cuando en casa de un amigo, encontramos una revista porno, era una revista Playboy,

producto de la excitación nos preguntamos si queríamos tocarnos el pene el uno al otro; aceptamos y mientras veíamos la revista nos tomábamos del pene, pero sin hacer mayor movimiento,

en pocas palabras no pasó nada. Pero las cosas estaban por cambiar, así como mi forma de percibir la sexualidad o mejor dicho la bisexualidad.

Entrado en los 18 años conocí a un vecino nuevo de la calle donde yo vivía,

nos presentaron otros vecinos,

con el tiempo nos hicimos buenos amigos, lo conocían muy bien en mi casa y yo siempre era bien recibido en la suya; él y yo hicimos siempre una buena pareja al momento de hacer deportes o jugar fútbol o béisbol,

es decir había química entre nosotros y a veces lo veía con otros ojos, para no exponerlo más lo llamaré mi vecino.

Un día después estar platicando en la entrada de mi casa,

lo invité a pasar nos tomamos unas sodas y platicamos de cosas sin importancia.

Como dos buenos adolescentes tocamos el tema del sexo y mi vecino me preguntó si yo alguna vez había tenido relaciones con otro hombre,

esa pregunta me ruborizó, hizo que mi corazón se acelerara, no sé si por lo directo de la pregunta o por la excitación que me provocaba.

Mi vecino era delgado muy lampiño, de ojos verdes y cabello castaño claro.

Una vez que reaccioné a la pregunta y aún con el corazón latiendo muy rápido le contesté que sí, que cuando era más chico había tenido un contacto con un amigo con el cual al ver esa revista porno que ya comenté,

habíamos terminado tomándonos del pene. Inmediatamente yo le pregunté, como tratando de liberarme, si él había tenido un contacto o relación homosexual,

rápidamente respondió que sí, que una vez en casa de un primo, vieron una película porno y terminaron chupándose el pene uno al otro.

Ambos nos mirábamos como si ninguno de los dos se atreviera a decir lo que estoy seguro ambos deseábamos “quieres hacerlo conmigo”.

Quiero resaltar que siempre me había sentido heterosexual, pero mi vecino me despertaba ciertas sensaciones que chocaban con lo que pensaba o creía,

no me veía con un miembro en la boca, ni mucho menos siendo penetrado, pero la idea no me era molesta del todo.

Después de un rato, me adelanté y le pregunté si quería que tuviéramos una “sesión” como decidimos bautizar a nuestros escarceos sexuales,

gustosamente rápido aceptó.

El problema era que en mi casa estaba toda mi familia, por lo que lo único que podríamos hacer era encerrarnos en mi cuarto, arriesgándonos a ser descubiertos.

Mi vecino tuvo una idea mejor, me comentó que sus papás saldrían a una cena y que estaríamos solos en su casa durante unas 3 o 4 horas.

Sin dudarlo aproveché esa oportunidad y caminamos una cuadra hasta su casa; al llegar sus papás casi estaban de salida, por lo que en un par de minutos nos quedamos prácticamente solos.

Subimos a su recámara, mientras avanzábamos por las escaleras, mi corazón latía muy rápido, mi cabeza no tenía control sobre mis pensamientos en realidad no sabía como comenzaríamos nuestra “sesión”.

Entramos a su habitación, él se sentó en la orilla de su cama y yo en la silla de su escritorio prácticamente frente a él; durante unos minutos nuestras miradas se cruzaron sin decir una palabra, estoy seguro que sólo fueron unos segundos que para mi transcurrieron como horas.

La iniciativa la tomó él, era claro, él estaba en su terreno, era su casa, su recámara; todo estaba listo.

Me preguntó ¿Quién empieza?, dudé, no sabía qué contestar, estaba nervioso más que en mi primera vez con una mujer, volvió a preguntarme

¿Quieres que empiece yo? Sin saber lo que respondía sólo me limité a mover la cabeza afirmativamente.

Mi vecino se puso de rodillas frente a mi silla, desabrochó mi cinturón y mi pantalón y liberó mi pene por la abertura del calzoncillo,

mi pedazo de carne estaba duro y con la cabeza rosada y muy palpitante por la excitación,

comenzó a lamerlo desde la base hasta la cabeza, cada vez que pasaba la lengua por el frenillo de mi pene, yo daba pequeños brincos que me excitaban aún más.

Me limité a inclinar la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y disfrutando como mi pene era absorbido por una boca húmeda y caliente,

sintiendo esa lengua que lo recorría de arriba hacia abajo, sintiendo cómo esos labios recorrían cada pedazo de carne y dejaban un pene lustroso por la gran cantidad de saliva;

prácticamente entre sueños escuché cómo mi vecino me decía, “esto de chupar así, me lo enseñó mi primo” en mis pensamientos dije “gracias, primo”.

Era mi turno, mi vecino se encontraba frente a mí,

por la excitación que tenía, él ya había desabrochado su cinturón y su pantalón los cuales habían caído hasta el suelo; así que no había más remedio, yo quería ese pene en mi boca;

su pene no estaba circuncidado con una cabeza gruesa, era un miembro un poco venudo y con unos testículos de buen tamaño.

Retiré el capuchón que cubría el glande con dos dedos y suavemente con la lengua recorrí la cabeza haciendo pequeños círculos alrededor de la misma incluso di un par de lengüetazos al orifico del pene del cual comenzaban a emanar pequeñas gotas de líquido preseminal,

mismas que tragué con avidez y gusto; retiré completamente la carne que sobraba sobre el cuerpo del pene y prácticamente lo engullí por completo,

me puse sobre mis rodillas y comencé a devorar ese pene por completo,

lo chupaba, lo lamía, era como un delicioso caramelo, al mismo tiempo con una mano, acariciaba sus testículos y cada vez que me metía todo el miembro en la boca acariciaba sus nalgas.

Sin mediar más palabras me sacó el pene de la boca, debo decir que eso no me gustó mucho, yo quería seguir mamando ese delicioso manjar.

Decidimos desvestirnos completamente y hacer un 69,

así que mis ansias por mamar serían satisfechas inmediatamente, mi vecino se acostó en su cama y yo me trepé en él,

metí su pene en mi boca y continué comiendo ese rico miembro; mi vecino tomó el mío y comenzó a lamerlo,

cada vez que pasaba su lengua por la base de mis testículos me encendía más y más, colocó mi miembro en su boca y empezó a mover la cabeza de arriba abajo,

posó sus manos en mis nalgas, las acariciaba y llevaba sus dedos hacia mi ano, sin llegar a tocarlo por completo, ese movimiento me excitaba cada vez más y a ratos seguía engullendo mi pene.

Por mi parte yo hacía lo mismo subía y baja la cabeza metiendo esa ricura en mi boca dejándolo muy brilloso por la saliva, a ratos lo sacaba de mi boca y a ratos lamía sus testículos mientras meneaba el pene con la mano masturbándolo,

sin saberlo, me metí nuevamente su pene en la boca y casi de inmediato una descarga de rica leche me llenó la boca, la cantidad de semen era tal que comenzó a salir por las orillas de mis labios,

tragué lo más rápido que pude y me dediqué a limpiar los restos de semen con mi lengua.

Mi vecino seguía prendido a mi pene, mamando como un experto; esa imagen de su boca llena con mi pene me hizo venirme inmediatamente.

Un fuerte trallazo de semen le llenó la lengua y dejó que el resto de la leche le llenara la cara,

la cual se limpiaba con los dedos, mismos que chupaba y lamía recuperando las sobras, el semen restante me lo embarró en las nalgas.

Rompimos la posición y nos recargamos contra la pared uno y contra la cabecera de la cama el otro,

los dos estábamos tratando de recuperar el aliento después de tan rica batalla, coincidimos los dos en que éramos buenos para el sexo oral;

en el fondo sabíamos que fue más intuición que verdadera experiencia, yo reconocí que lo que sabía era por ver películas y por las mamadas que me daban las novias que había tenido con anterioridad.

Lejos de decidir que era suficiente para una noche,

comenzamos a intercambiar comentarios sobre las sensaciones de nuestras caricias,

pasada una media hora o más, nuestros penes estaban nuevamente erectándose por la plática, pero también coincidimos en que ya no queríamos más sexo oral, ni más 69´s, bueno sí queríamos,

pero no que esa posición fuera la única, queríamos más, queríamos experimentar cosas nuevas y diferentes. Él se levantó, diciéndome que lo esperara un momento y fue a la recámara de sus papás regresando con un tarro de vaselina,

entre risas me comentó que eso lo usaba su mamá para las manos (según ella).

Acto seguido, empezamos un 69 pero esta vez cada uno tomó un poco de vaselina en un dedo y lo untaba en el ano del otro,

mientras disfrutaba de lamer y mamar al mismo tiempo, un par de minutos más tarde ya no era un dedo el que entraba y salía sino que eran hasta dos o tres,

ambos estábamos al borde del orgasmo, así que rompimos el 69, yo me quedé como estaba así en cuatro puntos con las nalgas y mi ano apuntando al pecho de mi vecino,

él se embadurnó el pene con la vaselina sobrante, me colocó la cabeza de su miembro en la antesala de mi ano y por la inexperiencia quiso meterla de un solo golpe, a pesar de la dilatación,

esta no era suficiente, por lo que me dolió bastante, pasados unos segundos el pene de mi vecino entraba con mucha facilidad.

Quiero aceptar que esa sensación de ser penetrado me hacía estar en las nubes, verdaderamente estaba disfrutando la forma en la que la verga de mi vecino me llenaba el ano,

mi vecino comenzó a gemir y sus movimientos eran más rápidos, yo trataba de mover mis caderas para acompañar las emboladas que me daba,

estoy seguro que yo lo hacía más por la excitación que por conciencia.

Este movimiento de cadera provocó mayor excitación en mi vecino lo cual hizo que reventara todo su orgasmo en mi ano,

sentí un río de líquido caliente llenándome las entrañas, ¡qué gran sensación!.

Mi vecino terminó de eyacular y me pidió que me recostara, me embadurnó el pene de vaselina, se subió en mí y en cuclillas sobre mi verga comenzó a sentarse despacio,

yo creo que recordó lo que me dolió su cogida, una vez que tuvo toda mi verga adentro comenzamos un sube y baja, él tenía los ojos cerrados y la cara roja, apretaba los dientes contra los labios,

estaba en el mayor placer, yo lo tomaba por las nalgas y acompañaba sus movimientos de sube y baja con mis manos, él gemía y se retorcía, verdaderamente estaba disfrutando.

Por mi parte yo estaba en las nubes, los ojos cerrados y sudando, trataba de aguantar lo más posible mi orgasmo; no pude resistir mucho con un gran bufido reventé con una gran chorro de semen inundando el culo de mi vecino,

él seguía extasiado subiendo y bajando hasta que dio un grito callado y un disparo de leche me llenó el vientre, el pecho y parte de la cara,

rápidamente con una mano limpiaba los restos de semen con mis dedos, los metía en mi boca para limpiarlos y en la boca de mi vecino, él lamía mis dedos con cariño y disfrutaba su propia leche.

Pasados unos minutos de descanso y tumbados en la cama uno junto al otro,

nos levantamos fuimos al baño a limpiarnos y a vestirnos, me acompañó a la puerta de su casa donde nos dimos un rico beso en la boca.

Ambos sabíamos que ese era el inicio de muchas más “sesiones”, salí camino a mi casa con las piernas temblorosas, pero feliz por tener una gran amigo, amante y vecino.

Alguien alguna vez me comentó “nadie como un hombre, para darte una rica mamada”

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Un comentario:

  1. Aguila blanca

    mayo 24, 2022 at 11:24 pm

    Que rico relato. Nada como un hombre para dar un buena mamads. Asi es.

    Responder

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