Conocí a mi primo - citasgay.org

Hola, soy un hombre en sus cuarentas, de buen ver, alto, velludo, robusto. Cuando salí de la Universidad, hace 20 y tantos, entré a trabajar a una empresa pequeña, de no más de 15 trabajadores, donde le dábamos mantenimiento a maquinaria pesada; ahí trabajaba un chico gay, bastante obvio, de estatura pequeña, cuerpo delicioso, delgadito, usaba jeans de mujer y playeritas pegadas al cuerpo, y a veces, un discreto maquillaje. De inmediato nos hicimos amigos y él me presentó a dos chicas con las que platicaba mucho. Se nos hizo costumbre juntarnos a comer, y a la hora de salida, a pesar de que no era mi ruta, les daba un aventón a la estación del Metro en un vochito (Un VW Escarabajo, que mis papás me habían regalado por terminar la carrera), Un viernes, el jefe me preguntó si podía ir al día siguiente a hacer el inventario, ya que el otro ingeniero que se encargaba de eso, estaba de vacaciones, así que le dije que sí, que con gusto, por lo que me facilitó las llaves y un dinero extra, para que comprara algo de comer y unas cervezas (en mi ciudad, hace un calor tremendo), y a la hora de salida, como era costumbre, llevé a mi amigo y mis compañeras a la estación del Metro, les comenté como quien no quería la cosa que al día siguiente iba a ir a hacer el inventario yo solo, y una de mis compañeras dijo: Pues hagamos algo divertido, pero la otra chica dijo: Estás loca, el Inge vá a estar ocupado, y capaz que nos regañan por ir en sábado sin permiso, así que ya no comentaron del asunto, y mi amigo sólo sonrió. Cabe señalar que en ese entonces yo tenía novia, pero habíamos discutido fuerte un par de días antes, y no me contestaba las llamadas. Los dejé en la estación del Metro, se despidieron de beso en la mejilla los tres, pero mi amigo me dijo despacio al oído: Te veo mañana, yo sentí que me estremecía de placer, pero disimulé e hice como que no lo había escuchado. Esa noche fuí al gimnasio, luego cené con mis papás en casa, nos tomamos un par de cervezas, y salí a caminar con el perro, pero no podía dejar de pensar en mi amigo, y al volver a casa y meterme a darme una ducha, me masturbé pensando en su boca fina, sensual, y húmeda, y terminé lanzando chorros de semen espeso y caliente, imaginando que estaba eyaculando en su lengua. Al día siguiente llegué a la empresa, abrí con el juego de llaves que me habían facilitado, y analicé la situación; deduje que no me tardaría más de dos horas en acabar todo, por lo que para las 11:00 am estaría libre; primero le mandé un SMS a mi jefe, para informarle que ya estaba en la empresa, y luego le marqué a mi novia, quien no me respondió; «Al diablo», pensé, no iba a seguirle rogando, así que me puse a trabajar. Cuando ya llevaba más de la mitad del inventario hecho, me llegó un SMS, pensé que sería mi novia, pero no, era mi amigo, escribiendo: Grandote, ábreme la puerta, está horrible el sol, sentí que el corazón me subía a la garganta, pero fui a asomarme por la mirilla, y sí, ahí estaba en la entrada, así que le abrí, entró, se paró de puntitas y me besó en la mejilla. Se veía hermoso, unas sandalias de tacón, unos jeans de mujer pegaditos, una playerita amarrada de tal manera, que dejaba ver su ombligo y su cinturita perfecta, aretes, maquillaje, y lentes negros, parecía una joven más, yo sentí que el pene se me ponía durísimo, y él dijo: Cierra la boca, nene, que se te meten las moscas, yo reí, y me quise mostrar más seguro, así que le dí una ligera nalgada, y lo tomé de la cintura, le quité una pequeña hielera de tela, de esas que se usan para llevar comida o bebidas, y le dije: ¿Es cerveza? Y me dijo: Claro, pensé que ibas a estar sufriendo mucho por el calor, así que nos sentamos en las bancas que usábamos para almorzar, y destapamos las primeras dos cervezas. Él me acaricio la cara, y dijo: Mira nada más, cómo estás sudando, le dije que no se preocupara, que cómo se había pasado el viernes, y dijo: Mira, salí con mi novio, pero me hizo enojar porque se le quedó viendo a otra, le aventé una bebida en la cara, y me regresé furioso a mi casa, pero mi mamá me contentó y me tranquilizó, y yo, ah, qué mal, espero que se arreglen, aunque por dentro pensé: Hoy me toca, jejeje. Destapamos la segunda cerveza, me preguntó si aún me faltaba mucho, le dije que menos de 20 minutos, pero que si se quería quedar, íbamos a necesitar más bebidas, que si me daba oportunidad de ir a la tienda, y dijo: Claro, papi, vé, déjame el inventario, yo le avanzo mientras vas, así que le dí mi libreta, le tomé de la cinturita, y le dí un beso largo y rico, a un ladito de los labios, y él sonrió, y me dijo: Anda, vé, o voy a cometer una locura contigo, así que sonreí y salí a la tienda, compré un 12 pack, una bolsa de botanas de las que sabía que a él le gustaban, y nueve condones, jajajajaja (digo, de 20 años, uno se siente invencible), regresé, lo busqué en las bancas, pero luego me dí cuenta que la pequeña oficina donde la secretaria despachaba, estaba encendida, igual que el clima, así que me dirigí hacia ahí, pero de repente me paré en seco: La ropa de mi amigo estaba perfectamente doblada sobre una silla, jeans y playera, así que mi pene se puso durísimo, pero me traté de tranquilizar, y entré con fingido aplomo a la oficina. Él estaba recostado en el sillón de visitas, usando un micro bikini de color rosa, que resaltaba su rico tono de piel, así como sus femeninas formas, yo sentí que el pene me iba a estallar de lujuria, así que me acerqué, me arrodillé a un lado suyo, y comencé a besarlo en la boca y el cuello, él gemía de placer, suspiraba, y me acariciaba la espalda y el cabello, y yo recorría su hermoso cuerpo con las manos, los labios, y la lengua, le desenganché el bra del bikini, para poder chupar sus pezones, rosaditos, tersos, olían a flores, y él se retorcía de placer, mientras decía: Así, papi, así cómetelos, son tuyos, mi niño, mientras yo pasaba la mano por su entrepierna, y acariciaba su pequeño pene, y sus testículos, tibios, suaves, que invitaban al tacto, me quité la playera, y me bajé el pantalón y el boxer, dejando saltar mi erección, él la vió con deseo, y dijo, vamos a ver si me cabe (mi pene no es muy largo, 17 cm, pero sí muy grueso), así que me paré a su lado, él se sentó, se quitó el cabello del rostro, y se metió mi pene en su boca, uf, sentí que veía estrellas con los ojos cerrados; después de semanas de fantasear con él, al fín estaba en su boquita suave, tibia, húmeda, así estuvo un buen rato, mamando como si en ello le fuera la vida, hasta que le dije: Cariño, ya, no me quiero perder el platillo principal. él se sacó mi pene de su boca, lamió la cabeza, sonriendo, y dijo, vá, nene, así que se acomodó en cuatro en el sillón, le bajé la pequeña tanga que estaba usando, y separé suavemente sus nalgas, para admirar el culito que estaba por poseer; le comencé a pasear la lengua por encima, y él suspiró, dijo: Ay, no mames, papi, qué delicia, qué rico lo chupas, mientras yo acariciaba su cuerpo, su cintura, su cadera, sus piernas, y trataba de meter más y más mi lengua en su culito, y así estuvimos un buen rato, hasta que me empujó hacia atrás la cabeza con delicadeza, y me dijo, estoy listo, así que saqué uno de los paquetes de condones, me puse uno, él me ayudó a ponérmelo, mientras me daba besos, y escupía sobre el condón, me pidió que me sentara en el sofá, así que lo hice, y se montó de frente a mí, besándome y acariciándome, se puso algo de saliva en sus dedos y la embarró en su ano, y con su mano acomodó mi pene en la entrada al placer; me dijo: No te muevas, por favor, amor, tengo qué acostumbrarme a tu vergota, yo sonreí y comencé a chupar su lengua, y sentí cómo de a poco, iba entrando mi pene en su culito apretado, calientito, suave, hasta que lo tuvo casi todo adentro, suspiró, me abrazó, nos quedamos quietos un rato, hasta que él se comenzó a mover lento, sentía su pequeño pene rozando mi estómago, su cuerpo subiendo y bajando encima del mío, era delicioso, yo acariciaba su espalda y apretaba sus nalguitas con ternura y pasión, besaba sus pezones, su cuello, él me acariciaba el cabello, me besaba en la cara, se retorcía de placer sobre mi miembro, hasta que en un punto, lo tomé de la cintura y lo cargué, y así ensartado, lo hice recostarse boca arriba en el sillón, y comencé a penetrarlo así, con más fuerza, veía cómo sus piernas se agitaban en el aire, él gritaba de placer y dolor, pero me pedía que no me detuviera, que siguiera cogiéndomelo así de rico, hasta que ví que de su pene comenzaron a salir chorritos de semen, aulló como perrita, en medio de su orgasmo, mientras su vientre quedaba lleno de su lechita, yo continué bombeando, hasta que me dijo: Papi, espera, mi culito ya me duele, así que le saqué el pene con mucha delicadeza, y me quité el condón, y comencé a masturbarme encima de su estómago, él se puso rojo, y me dijo: Ay, papi, qué pena, yo presumiendo que mamá no había criado a una débil, y mira, no pude con tu vergota, lo besé en los labios y le dije que no se preocupara de eso, pero luego me miró de manera traviesa, y me dijo: Entra a pelo, así no me va a doler tanto, y yo: ¿Estás segura? Y él, sí, claro, te ves sano, estoy sana, ambos sólo lo hacemos con nuestras parejas, ¿no? Y me quedé pensando unos instantes, pero él tomó su semen de su estómago, y lo embarró sobre mi pene, a modo de lubricante, volvió a guiar mi verga en su culito, así, abierto de piernas, y me dijo: Préñame, papi, quiero sentir tu leche en mis tripas, así que me dejé llevar por el deseo, y empujé con suavidad, su culito se sentía tan cálido, tan suave, y tan resbaloso, que no duré más de diez bombeos, antes de comenzar a venirme a chorros dentro de mi amigo, y él: Sí, papi, así, qué delicia, qué ricos chorros de mecos me estás aventando, no mames, me estás haciendo llegar a la Gloria. Terminé de venirme, me recosté sobre él, aún ensartado, me comenzó a besar la cara y los labios, y me dijo: Siempre que lo desees, mi culito y mi boca están a tu disposición, me encanta sentir tu leche burbujeando adentro de mí. Nos quedamos un buen rato abrazados, luego nos levantamos, le pregunté si aún le dolía, dijo que un poco, pero que era un dolor rico, y que sobre todo, sentía delicioso cómo se movía mi semen en sus entrañas. Después de eso, yo terminé con mi novia, él con su novio, y entre semana a veces íbamos a moteles para coger, y los sábados íbamos a comer o al cine, y así duramos dos años de feliz relación, hasta que por cuestiones personales de él, tuvo que irse a vivir a Tijuana, y el día que nos despedimos, lloramos, nos abrazamos, nos besamos, tuvimos sexo cuatro veces, todas me vine adentro, y todas él se vino sobre mi estómago. Espero que donde esté, sea muy feliz, y que sepa que nunca voy a olvidar mi primer amor gay.

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