Yo estaba terminando mi jornada cuando lo vi. Un chico guapísimo, cabello enrizado, ojos claros, labios delgados, más bien flaco, tez clara. Estaba cargando cajas de una empresa de lácteos, Bonlac. Un vistazo a su culito me puso a mil. Entré al supermercado, compré lo que iba a comprar y cuando casi ya termino lo veo acomodando las cajas en la nevera. Me le quedé viendo fijamente, casi sin disimular. Él se hace el tonto y yo comienzo a preguntarle sobre los productos que acomodaba. En una de esas agarro un envase de yogurt y le digo ” esté está rico o qué?” y me le quedo viendo el pantalón. Se quedó un poco sorprendido pero me dijo ” si claro. deberías probarlo “. Ya con eso creo que quedamos claros en que buscaba yo y que podía ofrecer él. Saqué una tarjetita con mi teléfono y lo dejé en una repisa. Salí y me senté en mi carro. Vi el camión alejarse y me fui yo también. Chitré es una ciudad pequeña, donde todo el mundo se conoce. Más o menos a los 40 minutos suena mi cel. Una perdida. Luego otra. Contesto, mi orden de yogurt está lista.

Quedamos en encontrarnos en un lugar bien concurrido. Esa noche había fiesta y el chico estaba apurado. En su casa lo esperaba su mujer ( con la que tenía 2 hijos, a los 20 años!). Le digo que vayamos a “dar una vuelta” y nos movemos hacia las afueras. En el camino voy sobándole la pinga. Parece que no hay mucho que tocar. Sigo sobando y de repente voy sintiendo como se va levantando ese palo hasta que se la saca para verla. Una pinga largota, cabezona, circuncidada. Venosa, durísima. Me llegó el olor a sudor rancio, a verga sudada. Uff, el carro quedó prendido con ese olor. Sinceramente esto me arrechó demasiado. Paramos frente a una universidad donde la gente pasaba apurada a sus clases. Ya eran casi las 7 de la noche y estaba oscureciendo. Me estacioné en una esquina bajo un árbol y ahi me puse a mamarle esa pinga con ganas. Mientras tanto le acariciaba el vello del pecho, abundante, lacio, suave. Metí mi cara entre su mata de vello púbico, tenía un olor agrio, a pinga que no me dejaba casi respirar.

El hijueputa me empujaba la cabeza y me agarraba del cabello para que me tragara su pito. Rico, duro, me golpeaba la garganta. Le puse un empeño en tragarme todo lo que pudiera. Cada vez que me sacaba el huevo de la boca iba lleno de saliva, mojándole hasta los pantalones. Me comenzó a decir de todo, ” mami, la mamas bien”, “vas a ser mi zorra”, “que boquita de putona tienes”.

A todo esto a cada momento yo subía la cabeza para saber si venía alguien cerca. En un momento me agarró la cara y me metió 2 dedos en la boca, mojándolos con mi propia saliva y me comenzó a hurgar el culo. Cada vez que me tragaba la pinga hasta el fondo el metía más sus dedos, haciendo una especie de gancho y a la vez dándome nalgadas para levantarme y bajarme más. El auto estaba caliente, como un sauna. De hecho vi como alguno que otro estudiante pasaba al lado del auto aparentemente sin notar que era lo que ocurría adentro.

Seguí mamando hasta que me dolió la mandíbula. Al rato ya no aguantábamos mas la arrechura y él comenzó a pajearse mientras me empujaba la cabeza a su verga. Cuando se vino me puse a succionar y a tragar leche sin ni siquiera saborearla, solo trague y tragué hasta que le limpié la cabeza de la verga. Nos limpiamos con un par de toallitas húmedas y lo dejé cerca de su casa. Ya tengo bastante yogurt que tragar en Chitré.


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