Yo tenía apenas 18 años.

No era como la mayoría de los chicos del barrio.

Ellos, eran como más libres, ellos iban a la escuela sí, pero después tenián sus tiempo para jugar, y estar entre ellos.

Yo por el contrario, cuando volvía del colegio tenía otras actividades de estudio, tales como idiomas o la gran ilusión de mi madre que era que yo fuera pianista.

Las clases de piano eran dos días a la semana por la tarde.

En aquel tiempo, cuando iba a aquella clase pasaba por una casa donde se juntaban dos de mis vecinos, que tendrían entre 18 y 19 años y que cuando me veían pasar me molestaban,

diciéndome feas cosas dudando inclusive de mi masculinidad. Lo que ellos no sabían era que yo también tenía, en aquellos días, muchas dudas al respecto.

Las cosas continuaron así, esos chicos se ponían cada vez más agresivos,

hasta que una tarde de primavera cuando pasaba para ir a mi clase, ambos me rodearon y luego con violencia me empujaron metiéndome a la casa en la que uno de ellos vivía.

Por supuesto que yo quise huir, de zafarme de esos dos brutos, pero ellos eran más grandes y tenían más fuerza que yo ya que practicaban deportes, mientras que yo solo era un flaquito que me dedicaba a estudiar.

Yo estaba asustado, por supuesto, pero más estaba confundido. ¿Por qué me hacían eso? ¿Qué pretendían de mi?. ¿Me iban a dar una paliza tan solo porque yo iba a estudiar piano? No podía entender.-

A la fueza, me metieron en la casa y prácticamente me tiraron en una habitación en la que solo había una cama y un par de sillas.

Yo caí al suelo y cuando ví que venían hacia mí, les rogué:

.- ¡No, por favor, no me peguen! -los dos chicos se miraron y sonrieron ante lo que le dije, entonces, uno de ellos me dijo:

.- ¿A no?, ¿no querés que te peguemos?
.- No -les contesté yo.

.- Si no querés que te peguemos vas a tener que hacer lo que te digamos.

.- ¿Y que quieren que haga? -pregunté yo, con temor.-

.- Para que no te peguemos queremos que te saques toda la ropa.-

.- ¡¿Queeee?!!! -dije yo.

.- Lo que oiste, o la ropa o te golpeamos.

La amenaza me causaba mucho miedo.

Sabía que estaba en inferioridad física con esos chicos y que si era golpeado por ellos la podía pasar muy mal.

Así sentado en el piso me quité las zapatillas y las medias. Luego me puse de pie y saqué mi remera y después el pantalon, quedando ante ellos tan solo en mis calzones.-

.- No, no, no -me dijeron- tenés que sacarte todo, también el boxer.-
.- No, por favor.-
.- O te lo sacás o te la vamos a dar.

El miedo podía más en mi que la vergüenza, así que les hice caso y me desnudé por completo. Me quedé ahí parado, sin atreverme a verlos a los ojos. Ellos entonces me ordenaron que me diera vuelta. Así lo hice, dándole la espalda. En ese momento los oí comentar:
.- Viste, te dije – dijo uno al otro- te lo dije, mirá tiene mejor culito que Alicia, es un culo de chica. Está hecho para que se lo llenen. La situación era, para mi, francamente humillante. Pero, si estaba siendo humillado, ¿por qué era que la situación me resultaba, hasta cierto punto, placentera? ¿Por qué al sentirme observado, humillado en los comentarios, desnudo frente a los dos chicos, eso me provocaba una cosquillas en el vientre tan agradables? Los dos chicos, luego se acercaron, y comenzaron a tocar mi cuerpo. Pero no eran ni bruscos, ni violentos, sus manos acariciaban mi piel y eso como que puso en alerta todos mis nervios, la sensación me resultaba agradable y sentí como que hasta me gustaba estar desnudo, tener mi intimidad expuesta a los hasta ese momento dos desconocidos. Ellos me tocaron por todas partes. En un momento uno de ellos recorrió con suavidad, con la yema de sus dedos, la piel de mis nalgas, el placer que eso me produjo fue tan hermoso como inesperado, y no pude evitar que de mi boca escapara un suspiro, aaahhhhhh. El otro chico se puso frente a mi y me dijo con una gran sonrisa:
.- Te está gustando, sabiamos que esto te gustaba.-
.- Nooohhhh -mentí yo, pero la negativa también me salió en forma de suspiro.-
.- Ah, no? -dijo él- entonces porque se pusieron así de duritos tus pezoncitos? Dijo al momento que me los estimulaba con sus dedos,haciendo que la cabeza me diera vueltas, entonces el agregó: -que linda putita que sos- y diciendo eso me tomó de la cintura y se inclinó dándome un beso tipo chupon en el cuello. Eso ocurrió al mismo momento que el otro, que segúia detrás mio, recorrió con la yema de sus dedos, la parte entre mis nalgas, y me toco suavemente la piel rugosa que rodeaba mi orificio anal. No lo pude evitar. Me tensé, las piernas me temblaron y volviendo a suspirar me tuve que tomar de los hombros del que estaba delante para no caerme disfrutando de su abrazo y de las caricias íntimas del otro.-
.- Por esto te trajimos, me dijo el primero, sabíamos que te iba a gustar ser nena. Y ahora vas a ser nuestra nena.
Mi cabeza era una licuadora. Me estaban llamando nena, pero yo no era una nena, pero me gustaba que me lo dijeran. Estaba desnudo frente a ellos, eso era humillante, pero me gustaba que me humillaran, ¿Qué me pasaba, por qué eso me gustaba, cuando en realidad yo debía luchar y no permitir que me hicieran eso?
El que estaba por detrás mió se apretó a mi cuerpo y comenzó, con su boca, a estimular el lóbulo de mi oreja derecha, el de delante se agachó un poco y empezó a lamerme un pezón. Mi cuerpo se tensó. Involuntariamente arquée mi espalda, y mi cola salió hacia atrás apretándose contra el vientre del chico que allí estaba. Este apretó su pelvis contra mí traserito, y hablándome en la oreja me dijo:
.- ¿Cómo te llamás?
.- David -le respondí yo.
.- A partir de ahora, te llamás David afuera, pero aquí, como vas a ser nuestra nena, te vas a llamar Mónica -mientras que me decía esto, ninguno de los dos dejaba de estimular mi ya muy sensible piel con sus manos.-
.- Entonces, ¿cómo te llamás?.-
.- Mónica -respondí yo, ya haciéndome la mimosa.-
.- Muy bien -dijo el- yo soy Diego y el es Martín. Y hoy como sos nuestra, te vamos a coger los dos.-
.- No! No!, eso no!- dije yo asustado.-
Diego cambió inmediatamente sus caricias por tomarme de un brazo y retorcerlo.
.- Mirá Mónica, o te dejás coger por nosotros o te sacamos de la casa a los golpes y así como estás, desnudo, así que ¿qué vas a hacer te vas a dejar coger o no?
La opción que me presentaban era injusta, pensé. Ambas me daban miedo, temía, sobre todo el sufrimiento, el de los golpes o el que me iba a provocar lo que ellos querían hacerme, pero, como ya dije, había algo extraño en mi mismo, y eso extraño era que la situación de humillación frente a esos dos chicos me proporcionaba un raro estado de placer, la humillación y el sometimiento me agradaban. Ello y el hecho de que en una opción podía terminar en una situación engorrosa frente a terceras personas y que en la otra lo que me pasara no se iba a conocer fuera de esa casa, determinó mi elección.-
.- Me voy a dejar coger -dije, sintiendo que esas palabras constituían una clara situación de sometimiento que, como vengo diciendo en definitiva me gustaba.-
.- ¿Te vas a dejás coger por los dos?
.- Si por los dos, pero por favor no me lastimen.-
.- No te preocupes no te vamos a lastimar y vas a ver que al final te va a gustar mucho, estas hecha (la utilización del femenino me excitaba más aun) para ser nuestra hembrita.
En ese momento ambos chicos comenzaron a quitarse la ropa, hasta quedar ellos también absolutamente desnudos. Cuando lo estuvieron no pude evitar observar que tenían los dos la pija bien parada y dura. Era la primera vez que veía algo asi en otros chicos y, para mi propio asombro, verlas me gustaba y me excitaba, ¿acaso tenían razón estos chicos, y la verdad es que me gustaba el papel de chica más que el de chico?, me pregunté a mi mismo. Ahí hubo en mi un punto de inflexión a partir del cual decidí aceptar y asumir el papel que los otros chicos me asignaron, para convencerme me dije, que pase lo más rápido posible y aquí adentro y nadie se va a enterar.
Diego y Martín fueron a sentarse al borde de la camita y me ordenaron:
.- Ahora te vas a poner de rodillas delante nuestro y nos vas a chupar la pija a los dos.-
.- Pero… yo no se como se hace, nunca lo hice.
.- Empezá a hacerlo y rapido vas a aprender, nos la tener que chupar y listo.
Martin separá sus piernas y con un gesto me indicó que me pusiera de rodillas allí para hacer lo que me pidieron. Así lo hice y a partir de ese momento sentí como una especie de fascinación frente a la pija de aquel chico que se había transformado en uno de mis dueños. Me agaché un poco y sacando la lengua de la boca, le lamí la punta de la cabeza de la pija. Estaba tibia y suave y me dejó en la lengua un agradable sabor salado y, lo más importante, me dejó ganas irresistibles de continuar lo que había hecho. Con la mayor delicadeza que pude le lamí la cabeza y luego me animé a tocársela y sosteniéndola en una de mis manos, me agaché un poco más y la lamía a todo lo largo, sintiendo con satisfacción que Martín suspiró al momento que le hice eso. Debajo de su durísima verga estaban sus bolas y también casi con devoción de esclavo frenta a su amo, se las lamí.-
.- Ahhhh, siiiii, puta, lameme las bolas, me encanta -dijo el chico aprobando lo que le estaba haciendo lo que, por su parte, a mi me causo placer.-
Estuve un tiempito haciéndo eso, hasta que casi instintivamente me elevé un poco y acercando mi boca a la punta de su pija, la abrí y engulli su glande y comencé a chuparlo delicadamente. Al tiempo abarqué en mi boca una mayor proporción del instrumento de Martín quien mientras yo lo chupaba ya devotamente el suspiraba y asentía con placer a lo que le estaba haciendo. Debo decir que sentirme en esa situación, con el sexo de un chico en mi boca, y chupándoselo sumisamente me agradaba; ya no era algo que hacía para salvarme de los golpes o la humillación, me gustaba estar humillado, de rodillas y chupando el pene saladito de Martín. Pasado un lapso, Diego reclamó que el también quería que lo atendiera. Ya no estaba para hacerme rogar. Solté el miembro de Martín y con premura inicié la succión del otro. Se ve que lo hice bien, porque prontamente le arranqué a diego roncos suspiros de placer. Que humillación, yo de rodillas, absolutamente desnudo y succionando los miembros viriles de otros chicos, ¡que hermosa sensación!
Por supuesto que al cabo de un rato, mis captores ya pretendía otra cosa.
.- Echate en la cama, putita -dijeron- que ahora te vamos a coger. Te vamos a meter toda la pija bien adentro de tu culito y te va a gustar ya lo vas a ver.-
Yo me acosté boca abajo y sentí que Martín, también todo desnudo, se ponía encima mio. Su mano me comenzó a acariciar las nalgas, y entre ellas, tocándome el ano, lo cual me provoca unas cosquillas deliciosas y que por sí solas, sirvieron para producirme una intensa excitación. Mi voluntad se encontraba ya totalmente sometida a los deseos de mis dos dueños. Martín, lejos de mostrarse violento como me lo había parecido al momento en que me abordara, me trataba ahora con suavidad, casi debería decir delicadeza. A tal punto que previo a transformarme en su hembra lubricó con una crema que, después ví era especial para mantener relaciones anales, mi orificio trasero y su propio miembro. Luego de eso, sí, ya se estiró encima de mi cuerpo, sentirme aprisionado por su peso de macho me hizo sentir absolutamente femenina. La cabeza de su duro pene se apoyó en mi agujero y luego empujo. Yo sentí que favorecido por la lubricación, su glande me entraba casi debería decir fácilmente y un ahhhhh de satisfacción irrefrenable salió de mi boca. Mientras Martín, haciendo que el placer invadiera cada uno de los nervios de mi cuerpo, siguió introduciendo lenta, pero firmemente toda la pija en mi interior.
.- Ah, que puta es, Damián, no sabés como el culito de esta zorrita se está comiendo mi pija. Dijo Martín, al momento en que yo sentía que me había penetrado por completo y la suavidad vellosa de sus testículos se pegaban a mis nalgas. Otro suspiro escapó de mi boca. El placer que experimentaba era total y supe, claramente que eso era algo que iba a querer hacer a menudo.
.- Viste, putita, viste que te gusta.-
.- Siiiiiiii -dije yo.
.- Te encanta ser hembra, no es cierto, ¿Qué sos, a ver, decime, que sos vos y que soy yo?
.- Soy una hembra, soy tu hembra -le dije ya totalmente mareado o mareada por el placer sexual- y vos sos mi macho.-
.- ¿Y Damián?
.- Damián es mi macho también.-
.-¿Y los machos, qué le hacen a sus hembras?
.- Los machos se cogen a sus hembras, como me cogen ustedes, ahhhh, esooo asi, asi -contestaba yo mientras Martín se movía encima mio, sacando un poco y luego enterrándome totalmente su gran pija, y a mi me encanta ser la hembra de ustedes y que me cojan, que me cojan toda, ayyyyy, siiiiiii.-
Martín comenzó un ritmo más duro, se sentía el clap de su cuerpo chocando contra mis duritas nalgas. Mi cuerpo sometido por el de Martín estaba caliente, mis pezoncitos se habían endurecido y su roce contra las sábanas de la cama, también me daban placer. Mis piernas se doblaron casi involuntariamente y sentí que se tensaban los dedos de mis pies, doblándose hacia arriba.-
.- Ahhh, si, Mónica puta, te acabooooo.- dijo Martín, y sentí como hundía todo su gordo miembro en mi, y luego se sacudía espasmódicamente, y enseguida advertí que un líquido o una crema caliente inundaba mis entrañas. No pude aguantar más y a pesar de que mi pequeño pene no se había puesto erecto, tuve un inmenso orgasmo que hizo que yo también botara una buena cantidad de leche que empapó las sabanas que se hallaban debajo mio.
Por unos instantes Martín se mantuvo encima mio, hasta que su pija perdió consistencia y se deslizo fuera de mi culito recién estrenado. Me gustó mucho ese pequeño momento porque sentí que Martín, inclusive estuvo cariñoso conmigo dedicando unas caricias a mi cuerpo que hicieron que mi piel se dispusiera placenteramente. Luego rodó a un costado mio. Sentí que estaba agotado y eso me produjo orgullo. Al final de cuentas, lo había agotado en su esfuerzo por hacerme mujer. Yo en cambió lo había gozado a pleno pero aun como se sentiría la verga de Damián penetrándome. De todas formas y con vergüenza le conté a ambos lo que me había pasado y les pedí perdón por estaba plenamente dispuesta a seguir jugando de ese modo. Me preguntaba ya ensuciarle la cama. Ellos quisieron ver la mancha que había dejado en la tela y también en mi propio vientre y rieron con ganas y haciendo comentarios guarros sobre como yo había disfrutado. Yo les sonreí complacido/a y puse mi mayor cara de placer cuando ví que Damián, totalmente desnudo subía a la cama y reemplazaba en la misma a Martín.
Yo me puse en la misma posición en que habia estado con Martín, pero mi nuevo amante me dijo, que me pusiera “en cuatro”. No tenía idea de que podía significar eso. Pero ellos me indicaron la posición que querían.
.- Te la voy a dar como la perra que sos -me dijo.
Yo sumisa, me coloqué de la forma que Damián quería. El mi hizo separar las piernas, se arrodilló entre ellas y tomándome de la cintura, apuntó la verga a mi agujerito trasero y la fue metiendo allí. La tenía bien grande, pero mi ano ya violado no tuvo problemas en abrirse y alojar amorosamente el instrumento de mi otro macho. Una vez que me la metió ¡me calenté de nuevo! Y disfruté ser cogida tanto como la primera vez. Y aunque esta vez no bote semen, juro que al momento en que mi macho y dueño eyaculó en mi interior otra vez experimenté un orgasmo.
Cuando los dos chicos hubieron terminado conmigo, y me dijeron que podía ya irme, pero que si quería volver. Yo les dije lo que sentí en ese momento y en los que vinieron después. Que me encantaría volver cada vez que ellos me quisieran hacer mujer. Ellos sonrieron satisfechos. Yo me levanté y al hacerlo percibí un líquido caliente que desde mi agujero trasero chorreaba por mis piernas. Me toqué y comprobé que era el semen de alguno de ellos o de los dos, no lo sabía, y eso me dio placer. De todas formas fui al baño, me limpié un poco y luego me vestí para volver a casa.
Volví a menudo al lugar para que ambos a veces y Martín solo otras (el era el dueño de casa) me transformara en su hembra. Hasta que la profesora de piano advirtió a mis padres de mis constantes ausencias. Ello me hizo ganar un gran reto de mis padres, quienes me exigieron saber a donde iba, en vez de mis clases de piano. Yo les dije que iba a jugar con dos amigos. Pero por supuesto nunca les dije que iba a jugar a la mujercita.-

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