Esto me sucedió cuando tenía trece años y mi primo, a quien llamaré JJ.
Desde que recuerdo, yo era precoz sexualmente ya que en casa éramos muchos (larga historia) y uno de mis primos abusó de mí varias veces cuando tenía cinco años. Además, cómo dormía con mis primas, la mayor de todas me hacía chupar sus tetas mientras ella se tocaba.
Estos recuerdos los tengo grabados en mi memoria y quizás lo único que se me escapa es cómo JJ supo que mi otro primo solía abusar de mí ya que, jugando a las escondidas en la chacra, un día me dijo que me quería coger.
Cuando eso tenía unos 11 o 12 años y yo estaba entre los 7 o los 8. El dato en sí no es que sea relevante pero, es que desde esa vez jamás dejó de decirme que me quería coger. Cómo yo había normalizado una situación de abuso, nunca le decía que no y que podíamos hacerlo cuando se presentara la oportunidad.
Y varias veces en las que quedamos solos intentó cogerme, en la oscuridad de la casa, apoyado por una pared. Otras veces me tocaba el culo, apoyaba su verga por mi culo y siempre me decía una frase: te voy a coger, fulano.
Yo sentía su verga dura dentro de su pantalón y sobre el mío, frotándose por mis nalgas, buscando el agujero de mi culo. A veces lograba sacar la punta de su pija y yo bajaba disimuladamente el shorts para que me meta y sentía la cabeza redonda de su pija entre mis nalgas.
Y nunca podíamos hacerlo; siempre se presentaba algo inesperado o factor contrario como ser que en la oscuridad no veía mi culo y no podía metérmela, o yo era bajo para él, etc.
Cómo dato curioso, recuerdo la punta de su verga que sentía como un lápiz cuando intentaba meter por mi ano. Incluso recuerdo la cabeza rojita cuando se pelaba la verga al intentar penetrar y siempre tenía la sensación de que era como la punta de un lápiz.
Conforme pasaba el tiempo, yo me hacía más grande y mis ansias de coger emergieron; supe que también yo queria coger a alguien y ese alguien era mi primo JJ.
El caso es que ya tenía mis trece abriles y era verano. Había llovido bastante ese año y los chicos del barrio íbamos al arroyo que siempre se volvía más profundo después de cada lluvia.
Generalmente íbamos con mis hermanos, mi primo y yo.
El caso es que todos nos pusimos de acuerdo en jugar a ver quién llegaba a tocar con el pecho el fondo del arroyo. El juego era sencillo: uno se zambullía hasta el fondo y otro pondría su mano en el pecho para atestiguar que logró el objetivo. O sea que era hacer pareja y JJ se ofreció a ser mi compañero en el reto.
Todos jugábamos pero, cuando yo me zambullía, él aprovechaba para tocarme el culo. Después ya fue más osado y empezó a empujarme con su verga pero sin sacarla del pantalón. Entonces decidí responder al juego que, ahora que lo recuerdo (está historia tiene muchos años), me resultaba estremecedor y desafiante.
Así que, cada vez que me zambullía para llegar al fondo, empecé a bajar mis shorts y dejarle mi culo a disposición. Y él, al sentir eso, sacaba su verga dura e intentaba penetrar.
Cuando el juego acabó, y cómo en esos días el novenario de un santo del vecindario, debíamos ir temprano a casa para bañarnos e irnos al rezo.
Yo decidí ir temprano, aunque ya para la hora en que se iniciaba el rezo era oscuro. Pasé por casa de JJ para ver si él iba a ir y, al verme, me dijo que le esperara, que iría conmigo.
Cuando estuvo listo partimos rumbo a la casa donde se llevaba a cabo el novenario y, para llegar hasta ahí, fuimos por un atajo no tan utilizado el cual consistía en cruzar una pequeña plantación de mandiocas y varios árboles frondosos.
Allí, JJ me dijo: «quiero orinar». «Yo también», fue mi respuesta y sabía que era la excusa para quedarnos en el «atajo» y sacar nuestras vergas, dizque para mear pero, la cosa era generar el ambiente para lo que estábamos buscando desde un buen tiempo: coger. En puridad, que él me coja. JJ no sabía que yo también quería darle verga por el culo.
Así que, ni bien le di la espalda para, supuestamente orinar, me toma de la cintura y, frotando su pija por mi culo, me dice lo mismo de siempre: «te voy a coger, fulano».
Los dos estábamos excitados y temblando como hojas; nuestra respiración era nerviosa y sentíamos palpitar la calentura de querer coger.
Pero yo también quería coger y mientras sentía su verga crecer por efecto de la calentura y el roce por mi culo, le dije: «yo también te voy a coger, JJ».
Reconozco que no creía que aceptaría ya que él era el mayor. Pero me quedé sorprendido cuando me dijo: «yo primero y luego vos».
Así fue como, en medio de la oscuridad más absoluta, me apoyé por el árbol de tronco más grueso y me bajé el pantalón hasta las rodillas. JJ, detrás de mí, sacó la pija y apoyó por mi culo e hizo presión para que entrara en mi ano. Cuando apoyó su pija caliente por mi culo, sentí escalofríos en la espalda; la sensación de calor unida a la redondez de la cabeza de su pene se sentía, extrañamente, excitante. Y cuando intentó meterme su tranca por el culo, el dolor se mezcló con deseo ya que yo colaboraba arqueando la espalda y abriendo lo más que podía el culo para que entrara su verga.
Pero no. La cosa no entraba y los dos estábamos como ansiosos y calientes. Cómo no podía meterme la pija, le dije que quería probar yo y, para mí sorpresa, me dijo que sí, que podía intentar meterle mi verga en el fondo de su culo.
Mi pija estaba dura como la de él y al apoyar por su culo me recorrió una electricidad indescriptible en el cuerpo. Solo que la inexperiencia y la oscuridad jugaron en contra, tanto para él como para mí ya que no podía acertar el agujero de su culo.
Y aunque luego volvió a querer meterme su verga, esta vez él apoyado por el árbol y yo sentándome sobre su pija, la cosa no fue a más y yo no quise pedirle una segunda oportunidad.
Nos dimos por vencidos pues el rezo estaba por empezar y, para no levantar sospechas, él se fue primero y luego yo.
Pasaron los meses y llegamos a los frescos días de otoño en los que los niños jugábamos durante la siesta aprovechando que los padres dormían.
Jugábamos a los juegos de las bolitas, al trompo o peonza, a las escondidas…
Como yo iba a la escuela en el turno de la mañana, al igual que JJ, pues teníamos la tarde para jugar con los demás vecinos.
Ese día, recuerdo bien, estaba nublado y con llovizna. No todos los chicos vinieron a jugar porque sus padres o no les permitieron o se quedaron a dormir.
Entonces estábamos solo JJ y yo. Fue como si, por fin, los astros se alinearon.
Hablábamos de cualquier cosa, de los programas de la tele, de los dibujos animados, etc. Nada raro se percibía en el ambiente salvo el hecho de que los dos estabamos solos en el corredor de su casa. Una casa antigua, con un depósito que tenía muchas antigüedades: radios viejas, herramientas de labranza, etc.
Cómo si de una señal del destino o de nuestro deseo de saciar nuestras curiosidad sexual, le pedí ver el depósito de cosas antiguas, artilugios que pertenecieron a sus abuelos, a lo que él accedió.
Al abrir la vieja puerta, me dijo para que mirara y yo me puse, a posta, delante de él para «ver» el depósito. JJ no desaprovechó la ocasión y, tal como ocurrió meses atrás, me acarició las nalgas, se abrazó a mí y se frotó por mi culo y yo esperé la frase, esa que tantas veces me dijo en tantos años: «te voy a coger, fulano».
Solo que fulano ya pilló que también él podía coger y que JJ estaba también dispuesto a ser cogido y así fue como, frotándome por él para calentarlo, dije: «yo también te voy a coger».
«Yo primero», fue su respuesta y yo acepté el trato. Cerró la puerta del depósito y fuimos al baño que estaba pegado a la casa.
El baño, debo confesar, era una letrina maloliente que solo funcionaba para cagar. Olía asqueroso pero, los dos estabamos tan calientes y excitados que no era impedimento para nuestro deseo; ya no había oscuridad, podíamos visualizar nuestras pijas duras, nuestros culos, corregir malas posturas, etc.
Cómo iba a ser el primero en recibir dentro de mí cavidad anal toda la dimensión de su enorme, gruesa y peluda verga, me puse contra la pared, me bajé los pantalones, arqueé la espalda y abrí mi cola para que JJ vea mi culo.
Los dos respirábamos a mil y sentíamos el temblor en las piernas.
Sentí como pasaba su pija por mi raya y eso me calentó más. Luego se oyeron dos escupitajos: uno sobre la cabezona de su pija y otra por culo; la saliba se escurrió entre mis nalgas.
JJ apoyó su verga cabezona y caliente por mi ano y, tras presionar, empecé a sentir como mi culo se abría y su pija entraba dentro de él, provocando en mí una sensación de dolor, placer y una erección potente en mi pija. Otra cosa que recuerdo es la sensación de calor que se siente al ser penetrado, de como la pija va ocupando el orto de forma dolorosa y a la par de excitante para luego sentir los huevos chocar por el culo cuando te la meten toda.
JJ respiraba como si se ahogara al cogerme y yo, igual que él. Luego empezó a meter y sacar, meter y sacar su tranca grande, velluda y venosa (cálculo que medía unos 17 centímetros más o menos).
Los dos respirábamos con jadeos guturales mientras él me cogía despacio, nada de meter y sacar a lo loco, cosa que hizo más rica la sensación de dolor y placer.
Estuvo así por espacio de dos o tres minutos cuando le dije que era mi turno meter mi verga en su culo. No dijo nada; solo me sacó la pija y sentí como quedaba ahuecado mi culo. Pero no había tiempo para especulaciones; se bajó el pantalón y vi su ano. Escupí por mis dedos y lo unté para lubricar. Temblando de placer, ansiedad, nervios y miedo, apoyé mi verga con toda la intención de meterle todo hasta el fondo.
Ahora la sensación era distinta; sentía el calor de su culo antes de meterle mi pija adentro y, al empujarla para que le entre, era un placer terrible. Se la metí hasta el fondo mientras los dos jadeábamos de placer y dolor, respirando rápido por la boca, anhelando darnos más.
Empecé a meterle con ganas, tal cómo él me lo hizo a mí. Me excitaba ver su culo abierto y mi pija entrando y saliendo de él. Era algo que quería ver, o sea, me daba morbo y curiosidad ver cómo la verga oscura de JJ entraba en mí y obviamente eso era imposible aunque había hecho el esfuerzo de girar la cabeza para ver cómo JJ me metía la pija.
Pero sí podía ver cómo mi pene abría ese culo oscuro y lleno de pelos, mientras los dos respirábamos con los nervios de punta.
Intercambiamos roles; ahora era yo el pasivo y su pija volvió a inundar mi culo, esta vez ya más acostumbrado a recibir la visita de esa verga enorme.
Cuando fue mi turno, su culo ya no opuso resistencia y entró más cómodo y más fácil. Empecé a darle duro, tanto que sentí una explosión: había acabado dentro de él, le había llenado el culo de mi semen.
Fue ahí como si algo se desconectó en mí. Algo que hoy, tras muchos años de lo sucedido, no puede explicar todo lo que sentí en ese momento.
En ese entonces lo llamé «pecado» y yo me sentía «culpable, sucio y con vergüenza».
Apenas sentí los chorros de semen eyacular de mi pija, me levanté el pantalón y salí del baño corriendo directo a mi casa que quedaba frente a la de JJ.
Él fue a buscarme y me encontró llorando y me dijo que qué fue lo que pasó, porque lo dejé cuando estábamos tan bien.
Pero yo no paraba de decir que era «pecado». Solo eso: pecado.
JJ se fue a su casa. Fue, en todo momento, bueno conmigo ya que podía haber empleado la fuerza (era mucho más grande que yo) y violarme si quisiera. Pero no lo hizo.
Hoy, ya siendo adulto, reconozco que deseo repetir ese momento con JJ. Quiero hacerlo con él a pesar de que ya somos muy mayores.
Suelo verlo andar por ahí pero no me animo a remover el pasado. A veces busco relatos de sexo gay entre primos, procurando encontrar en ellos lo que yo sentí hace tanto tiempo.
Suelo fantasear que volvemos a turnarnos por nuestros culos y que él acaba dentro de mí y yo en él para que, tras acabar, que él vaya a su casa y que los dos sigamos como si nada hubiera pasado.
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Mi hermano…y yo…
