Pero, aunque habÃa una parte de mi ser que no querÃa volver a esa casa, habÃa otra parte de mà con una fuerza de atracción tan poderosa que habrÃa impedido cualquier resistencia. Me habÃa pasado la semana soñando con volver a tener su polla en mi boca, que me obligara a comérsela hasta la raÃz, que me follara la garganta, que se corriera en mi cara. No dejaba de mirar el reloj, contaba las horas que faltaban para las 9:30 del sábado, no dormÃa por las noches, a veces no podÃa ni siquiera respirar. Cuantas más cosas experimentaba con Christian más elementos e imágenes tenÃa con las que soñar, más recurrerntes se volvÃan las escenas, más repasaba mentalmente todo lo realizado, una y otra vez, una y otra vez. Ni el deporte ni las numerosas pajas conseguian quitármelo de la cabeza. No querÃa que se perdiera ningún detalle. Repetir hasta la saciedad lo hecho y volver a repetirlo y lamentar no haber hecho tal o cual cosa, de tal o cual manera. Por eso, volvà tan caliente ese tercer sábado. Nada mas abrir al puerta, sin apenas darle tiempo a cerrarla, caà de rodillas tirando los llibros al suelo, para que hiciera conmigo y con mi boca lo que le viniera en gana. Mis ojos se comportaron como debÃan con su correspondiente caÃda al suelo, con humildad, casi sin atreverse a mirar al paquete tan deseado. Sin duda que le agrado la escena. Por mi parte, en ese momento me habrÃa dejado incluso pisotear. Mis pantalones no podian ocultar el empalme tan brutal que tenÃa. No jugó conmigo demasiado, simplemente se bajó los pantalones cortos, que me ponian a 100, mucho más que si estuviera desnudo, y me metió su badajo todavÃa sin empalmar del todo, en la boca. Sentà cómo aquello crecÃa dentro de ella, y es una de las sensaciones que más recuerdo, pues siempre me ha gustado empalmar a los tÃos con mis labios, mi lengua, mi boca. Cuando, tiempo después empezó a contratarme gente madura siempre era asà como me lo montaba con ellos y a todos les gustaba. Quizá estuvo ahà el secreto de mi éxito, pero eso serÃa más adelante. Por supuesto que no dejó que le comiera el rabo a mi gusto. Empezó a follarme la boca de una manera tan bestia que tuve que poner mi mano derecha para que hiciera tope. No querÃa volver a llorar como la semana anterior por dañarme la garganta. También me restregó su paquete por la cara que era en lo que más habÃa estado pensando durante toda la semana y eso me puso a 150 porque caliente al 100 ya iba yo de casa. Me quitó la camiseta sacándomela bruscamente por la cabeza. Cosa que me pasmó porque era la primera vez que me veÃa el torso desnudo; yo me abrà la bragueta y me bajé los pantalones en la esperanza de poder pajearme, pero ni de coña. Tiró la camiseta al suelo y me levantó para obligarme a sentarme en la silla del tormento, tan rico y placentero, al lado de la mesa. Siguió follándome la boca meneándome la cabeza tan salvajemente que tuve miedo. Creà que se correrÃa y que si eso ocurrÃa mi polla estallaria, pero de repente se giró bruscamente y me puso el culo delante de la cara. QuerÃa obligarme a meter mi cara allÃ, cuando yo jamás ni por asomo habrÃa ni siquiera pensado, ni mucho menos soñado. que algo asà se pudiera practicar. Aún hoy me pregunto, por el exceso candidez de entonces, con qué tipo de fantasÃas me habrÃa pajeado yo en las adolescencia. Con su mano derecha empujaba mi cabeza hacÃa su culo.
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