EL SOBRINO DE MI CUÑADA - relatos gay

EL SOBRINO DE MI CUÑADA

A veces no puedo creer las cosas que me suceden,

los tiempos cambiaron o todos se volvieron bisexuales u homosexuales,

eso no lo sé, pero antes no me ocurrían encuentros con las personas que menos me imaginaba que podían querer algo de sexo homo.

La mujer de mi hermano Leo tiene una sobrina a la cual se le ocurrió casarse y por suerte me invitaron a la fiesta del casamiento porque soy muy amigo de mi concuñada.

Los padres del novio alquilaron una quinta que hay pasando el Prado la cual es muy apta para fiestas y asados de todo tipo,

por esa razón hasta allí me dirigí en mi auto sin imaginar lo que me iba a ocurrir en ese sitio.

Me ubiqué en una mesa del fondo para compartirla con unos primos de mi cuñada a los cuales hacía tiempo que no veía,

porque ellos viven en Río de Janeiro porque el nuevo marido es carioca y trabaja allí.

En realidad me senté allí porque el marido era un pintún bárbaro,

no lo conocía porque era el segundo marido de la prima Irene,

la cual había quedado viuda con un hijo de 10 años y se había vuelto a casar con ese brasileño que había conocido en una excursión.

Como los brasileños tienen fama de no hacerle ascos a nada y como no lo conocía decidí intimar con el tipo aunque sea un poquito de sexo tenía esperanzas de conseguir pero no sucedió lo que deseaba o imaginaba…

Con ellos estaba Miguelito el hijo de la prima Irene

que en esa época tenía unos 19 años

al cual yo no veía desde que tenía 10 u 11 años que fue cuando su mamá se había ido a vivir a Río de Janeiro

y con ellos también estaba Raquel una niña de 4 años fruto del segundo matrimonio de Irene.

Aunque no lo veía desde niño lo reconocí enseguida porque el muchacho era el vivo retrato de su padre

al cual yo había visto en muy pocas oportunidades porque había fallecido muy joven.

Pero en una de esas oportunidades se la chupé maravillosamente, porque le dije la verdad que me gustaba y que quería hacerle una mamada.

El pobre Miguel muy asustado aceptó mi oferta porque su mujer no se la quería chupar y él lo deseaba infinitamente

así que me permitió hacerlo pero eso no lo quiero contar hoy,

aunque su verga no era de gran tamaño escupía muchísimo a pesar de que un cáncer de testículos lo llevó a la tumba en plena juventud.

Miguelito había crecido mucho, estaba más alto que yo que mido 1.72, era un chico muy delgado, ojos verdes y una nariz muy afilada

la cual me hizo recordar el dicho «tanto nazo tanto cazzo»

El chico se acordaba de mí porque siempre me pedía dinero para comprar chocolates y parecía estar incómodo o aburrido en esa fiesta con personas que casi no conocía porque desde que su madre se había ido a vivir a Brasil

casi nunca venía a Montevideo o si venía visitaba a sus abuelos pero no a los demás familiares.

Me pareció medio gay por su manera delicada de hablar

y por ciertos gestos pero como los adolescentes están cambiado,

pensé será cosa de la edad de la bobera que le llaman y no le di importancia.

Confirmé mis sospechas cuando pusieron un disco de música brasileña y él se mandó un baile con todas las de la ley de los gays,

casi se desnudó el guacho bailando frenéticamente al ritmo de su país de adopción.

Quedó tan agotado por el esfuerzo de los giros, piruetas y demás volteretas que no tuvo otra opción que salir al patio de la quinta a tomar aire para reponerse de su agotamiento.

Su madre me dijo:

-Omar, andá a ver si el nene necesita algo, llevále un refresco… le encanta bailar… pero después queda muy agotado porque exagera mucho.

Salí de la fiesta, luego encendí un cigarrillo pero por el patio no lo vi,

caminé un poco hasta que finalmente lo vi descansando en un banco de piedra que había debajo de una glorieta cubierta por una enredadera.

-¡Que baile te mandaste, Miguelito! Tomá, tu mamá te manda este refresco p

orque supone que estarás muy agotado y sediento.

Mientras bebía su refresco conversamos un poco,

me dijo que allá en Río bailaba de esa forma porque le encantaba el grupo de amigos que lo hacían con él.

-La de garotas que tendrás atrás tuyo con esos bailes que hacés…

-Sí… tengo muchas… pero no me interesan.

Que lástima que no te interesan, porque sos muy lindo,

tenés buen cuerpo aunque un poco flaquito pero comiendo más lo podés llenar..

-Si tengo buen cuerpo porque voy al gym y a las clases de baile,

porque quiero ser bailarín aunque mi mamá no está muy conforme…

lo acepta a regañadientes porque quiere que yo sea letrado como mi papá o que ayude a mi padrastro en la empresa.

Pregunta va pregunta viene fui dándome cuenta de que el muchacho no estaba para novia que estaba para otra cosa por eso le pregunté directamente:

-Me decís que te gusta estar con personas mayores… novia no tenés.

¿Tenés algún amigo o novio?

Me miró muy sorprendido luego rió por los nervios que estaba pasando y al notar la franqueza de mi pregunta me contestó:

-Novio ahora no tengo… pero algún amigo por suerte nunca me falta.

Yo estaba deseando hacer algo con él desde que descubrí que no le interesaban las chicas por eso le acaricié la cola y le dije:

-¡Que durita la tenés! ¿Ya la estrenaste?

-Sí… pero mejor vamos a un lugar oscuro,

que no nos vea nadie así conversamos más a gusto y sin testigos que puedan inesperadamente aparecer de entre las sombras.

Fuimos para el fondo de la quinta donde encontramos unos galpones con unas paredes vetustas y descascaradas

y allí atrás Miguelito me acarició la cara con una dulzura increíble para luego darme un beso en la boca el cual me dejó sin aliento por las fuertes succiones tipo ventosa que me dio con sus labios muy experimentados en esos menesteres.

Mientras su boca permanecía succionando la mía nuevamente le acaricié las nalgas las cuales me fascinaron por lo firmes que estaban,

y mientras lo hacía recordaba la verga de su padre que me había llenado de leche la única vez que me había permitido hacerle una mamada.

También por mi mente pasaron los pensamientos:

sí Miguelito tendría una pija tan deliciosa y escupidora como la de su padre,

pero eso lo averiguaría en pocos instantes más cuando el guacho se hubiese excitado lo suficiente como para permitirme sondear en su anatomía.

No sé si por su juventud o por su agilidad de movimientos,

imperceptiblemente su mano rápidamente se deslizó hasta mí verga y comenzó a apretarla por encima del pantalón hasta lograr una erección tremenda sin siquiera haberla sacado de su escondrijo.

-¡Qué pau grosso tenés!

Empezó a susurrar medio en portugués medio en castellano.

-¿Querés verlo?

.-Síí por favoooor… No solo verlo quiero hacerte una mamada…no aguanto mááss…

Bajé la cremallera mientras Miguelito se hincaba y así de rodillas comenzó a dar besos en mi glande los que luego se convirtieron en lamidas, para terminar en succiones y finamente se tragó toda mi verga hasta el final tocándome mi matorral con su nariz afilada la cual deliciosamente aspiraba el aroma de mis pendejos.

Nunca me hubiera imaginado la situación en la que me encontraba, ser chupado por el hijo del marido de Irene el que me había dado tanto placer la única vez en que había intimado con él.

Con sus 19 años Miguelito era un experto chupando pijas, quien sabe todas las que habrá probado en Río para tener tanto conocimiento en ese arte del cual gozaba y hacía gozar.

Con sus manos me aflojó el cinturón, luego me bajó el slip y sin comentar nada se puso a lamer mis huevos de una forma fenomenal mientras su mano me pajeaba para luego abandonar la lamida de mis bolas porque su boca golosa le pedía pija y esta era nuevamente engullida hasta el final.

Gocé mucho con esa mamada la cual aumentaba mi placer cada vez que mi meato tocaba su garganta, porque Miguelito parecía que se la quería tragar entera, desprenderla de mi cuerpo y que se deslizase por su esófago hasta su estómago.

Luego de un rato de golpes en su garganta la sacó para lamer todo le glande y el hueco que queda debajo de éste fue el mayor placer que recibió la lengua de Miguelito porque sus gemidos de placer cada vez que su lengua recorría esa parte se podían oír desde unos metros de donde estábamos, pero por suerte nos encontrábamos detrás de la pared de los galpones y no creo que a nadie se le ocurriese andar a lo oscuro por allí.

Yo comencé a gemir porque ese tratamiento me había producido demasiada excitación la cual era recibida a través de mi balano y como pude lo separé de mi verga para alzarlo con mis dos manos para darle un beso en el cual saboreé su saliva impregnada del sabor de mi verga y por supuesto caté el gusto de mi precum que estaba adherido a su saliva.

Correspondió a mi beso sin soltar mi verga la cual iba pajeando mientras intercambiábamos nuestras salivas, pero yo me di cuenta de que no podía más que iba a explotar y separando su cara de la mía le pregunté. :

-¿Dónde querés la leche? Estoy por acabar en cualquier momento, no aguanto más, me hiciste una mamada demasiado excitante…

-¡En la boca! ¡Acábame en la boca! Me gusta tragar a leite do pau.

Se hincó nuevamente para tragarse mi verga tan divinamente que a los pocos instantes comencé una lenta y abundante eyaculación, la cual golpeó el interior de su boca para luego deslizarse por su esófago, hasta que no quedó ni rastro de mi lechada no dejó de chuparme la pija a la vez que apretaba mis huevos en busca de más néctar.

Cuando todo hubo terminado, igualmente siguió lamiendo mi pija para pajearse mientras lo hacía quise corresponderle con una mamada pero no me dejó, solamente pude ver a través de alguna luz escurridiza que se filtraba por allí, que Miguelito tenía mejor verga que la de su padre por lo menos lo poco que vi de su herramienta me pareció más larga que la verga que había chupado en el pasado.

Luego de que hubo acabado se puso de pie abandonado mi dolorida verga la cual me ardía mucho por haber estado tanto rato en contacto con el calor de la boca de Miguelito.

Al estar de pie me abrazó, basándome nuevamente hecho que aproveché para tantearle un poco más el culito y pude llegar hasta su verga donde me retiró a la mano diciendo:

-No me gusta que me toquen o pau, el culo si querés tócamelo todo lo que quieras pero ahora no porque no tenemos más tiempo, hace rato que faltamos de la fiesta y mi mamá va a venir a ver por qué no entro…

Es un verdadero desperdicio que tenga tan linda pija y no quiera usarla, con lo que me hubiese gustado mamársela como en el pasado lo había hecho con la de su padre, aunque fuese una única vez como sucedió en esa oportunidd, pero sobre gustos…

Le dije que se quedase allí un rato para que en la fiesta nadie sospechase nada al vernos llegar juntos después de tan prolongada ausencia, aunque su madre me había mandado a buscarlo con el refresco por las dudas no quise entrar al salón con él.

Fui directamente a la mesa donde estaba su madre y le dije que no se preocupase, que había encontrado a Miguelito bajo una glorieta, luego de tomar el refresco se había ido a caminar, que en cualquier momento se cansaría de andar solo y aparecería por la reunión.

Al rato fui a conversar con Leo y este me dijo:

-Omar ¿No te parece que Miguelito se ha vuelto trolo? Lo encuentro muy «rarito» y con ese baile tan de stripper…

-Nooo. ¿Qué estás pensando? Solamente lo encontré en el fondo de la quinta y ni te imaginás… ¡hace unas mamadas geniales!..

Ante su cara de estupor me puse a reír y Leo luego de los primeros segundos también rió conmigo diciéndome:

-Esta vez fuiste demasiado lejos…

-Y que querías que hiciese, el chico estaba solito, aburrido y me tenté porque quería saber si tenía la verga tan buena como la de Miguel, pero en cambio descubrí que es más linda pero no la usa…

-Con vos no se puede…

Fue todo lo que me dijo Leo esa noche.

Al rato volvió de su paseo nocturno y como si no hubiese sucedido nada se sentó muy sumiso al lado de su mamá,

Me hubiese gustado muchísimo haber profundizado más ese encuentro con Miguelito porque su culito me había tentado, pero fue imposible volver a tener otro encuentro con él porque como era época de clases al otro día se fueron inmediatamente para Río porque el nene tenía que volver al estudio.

Todo ese episodio sucedió hace más de un a&n

tilde;o, pero recién vino a mi mente porque Irene vino a pasar unos días con su familia y la encontré en la casa de Leo en Punta Ballena.

Cuando le pregunté por Miguelito porque no lo veía con ellos, simplemente me dijo que no quiso venir porque lo pasaba mejor en Río.

Si supiese la muy ilusa que yo tuve el placer de haber disfrutado de la verga de su marido y de la boca de su hijo, no me saludaría más, pero como lo ignora es muy amable conmigo.

Pero esa no era la verdadera razón por la cual Miguelito no había venido con ellos, luego lo supe porque mi cuñada me lo contó.

-Fíjate Omar, pobre Irene… vino muy desolada porque tan lindo chico como es Miguelito, le dio un disgusto muy grande…

-¿Qué pasó?

-No quiso venir porque se enamoró de un compañero de la escuela de baile y se fue a vivir con él a Niteroi…

Yo había pensado hacerme un viajecito a Río en alguna de mis vacaciones pero por ahora lo deseché porque si Miguelito está tan enamorado no va a querer darme su culito como me dio su boca en ese casamiento en el cual no tenía novio según me confesó que tenía solamente amigos.

Amigos así vale la pena tenerlos, ¡si le habrán enseñado bien porque de que manera chupaba la pija ese infante!

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