Las cosas de mi hermano mayor - relatos gay

Las cosas de mi hermano mayor

Entré en casa y me encontré con mi hermano mayor tirado en el sofá.

El pantalón de deporte bajado, su polla suelta y pegada a su cuerpo en dirección a su ombligo, se veía hermoso.

Cuando está así de caliente me deja chupársela, así que ni siquiera le pregunté esta vez y me puse de rodillas.

—Joder, sí, —gimió mientras yo le trabajaba la polla con la boca y la mano—

Métela más profunda, hasta el fondo, —me indicó—. Sé que puedes meterla más.

Me encantaba cuando me indicaba qué hacer.

Yo hacía todo lo que él pedía.

Hice el mayor esfuerzo para hacer llegar su polla dentro de mi garganta, pero no fui capaz de conseguirlo.

—Déjame sentarme tu polla, —dije lujurioso de deseo.

—No sé, chupármela es una cosa pero… ¿tener sexo contigo?

—Vamos, se sentirá muy bien, lo sabes, —supliqué.

Hizo una breve pausa mientras yo le chupaba los huevos para tratar de convencerlo.

—Vale, súbete aquí.

Ni lo pensé, subí y me senté a horcajadas sobre mi hermano mayor y me senté en su polla sintiendo que me empujaba por dentro.

Empecé a rebotar en él mientras veía su cara de felicidad. Le encantaba.

—Eh, agarra mis caderas y lo haré mejor, —dije

Y me la metió toda en el cuerpo, usando mi culo para su placer.

Fue increíble sentir su cuerpo debajo de mí, dentro de mí.

—Joder, me voy a correr. ¡Salta!, —gruñó.

—¡No! ¡De ninguna manera! Te dije que me la metieras y ya sabes.

—¡Mierda, mierda, mierda!, —se quejó cuando me negué a bajarme.

—¡Muchacho que me voy a correr!, dijo ya con la garganta agitada.

—¡Pues vente! ¡De eso se trata, ¿no?!, le grité, follándome a mí mismo con su propia polla.

—¡Ah, maldito maricón!, —gruñó con fuerza y lo soltó todo dentro de mí.

Estaba descargando profundamente en mis entrañas, ahí entraban en mi culo los que podrían ser sobrinos míos. Mi hermano no podía dejar de moverse mientras sentía su polla pulsando en mi estrecho agujero, incapaz de dejar de empujar dentro de mí; no se resistió a declarar lo bien que se sentía.

—Eso es una locura, hermano, —dijo sin aliento.

—¿Qué es una locura, que me atravesaras o que te ha gustado?, —dije arrogante y orgulloso.

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