Solía comenzar con una propuesta: “¿vemos una porno?”. Lanzaba la idea alguien de forma casi anónima, y sin que nadie pronunciase un rotundo “sí”, se aceptaba la invitación. Había un consenso silencioso en el que todos participaban. Se elegía una casa a la que ir e inmediatamente después se desempolvaba aquel viejo VHS de los […]
![]()

