Era su niñero ¿Pero ahora? - relatos gay

Era su niñero

Tengo 20 años, y como no tengo trabajo y por la Pandemia, desde hace 5 meses que una vez a la semana sirvo de niñero de Andy (Andrés) mi pequeño vecino de 18 años.

Ustedes se preguntarán ¿Por qué le dices pequeño a un puberto adolescente?

La respuesta es que Andy está muy lejos del común de su edad.

Es delgado, de piel blanca y delicada acompañada de una cara de niño con ojos color esmeralda y cabello rubio y rizado.

Es más parecido a un muñequito de porcelana que a un adolescente promedio.

Su mamá es una mujer soltera, médica, y obviamente aun en cuarentena sigue trabajando,

por lo que yo también sigo cuidando a su “bebé” y me viene bien no solo por tener una entrada de dinero sino por otra cosa…

que les voy a contar a continuación.

Si bien se nota a leguas la sexualidad de Andy, no estaba 100% seguro hasta la semana anterior, que encontré su historial pornográfico.

En ese momento no se me pasó nada indecente por la mente ya que mis gustos sexuales no son de menores específicamente

(soy 5 años mayor que él) además de que Andy es mi trabajo.

La semana pasada su mamá tuvo turno nocturno, por lo que me preparé para otra noche aburrida.

La casa de Andy es una casa grande de dos pisos, y lo que pasa arriba es casi imposible de escuchar, y viceversa.

Eran alrededor de las 2 de la mañana y ya aburrido se me ocurrió corroborar si Andy dormía,

subí las escaleras y entre la cerradura pude ver a el niño cómodamente desparramado en su cama.

Ya seguro de que no tendría molestias bajé al living para hacer lo que ya había hecho en varias ocasiones, masturbarme

(ya que no puedo ver a nadie por razones de público conocimiento y necesito descargarme)

Estaba ya todo apagado, yo sentado en el sillón ya con los pantalones abajo y la verga dura y ardiendo en una mano y el celular en la otra.

Escupí mi mano y me preparé para terminar, pero esta vez sin darme cuenta cometí un error, y era que me había puesto los auriculares (cosa que nunca había hecho) me confié demasiado.

Mi corazón se paró cuando sentí una mano tocar me brazo y de un salto prendí la luz solo para ver a Andy parado frente a mí.

La vergüenza que sentí en ese momento fue algo espantoso: yo parado con los pantalones abajo, con mi verga que quedó flácida y encogida por el miedo en cuestión de segundos,

el vídeo porno a todo volumen ya que los auriculares se habían desconectado.

En esos pocos segundos (que para mi fueron eternos)

me imagine siendo regañado y hasta denunciado por lo que había hecho.

—Perdón, pensé que estabas durmiendo— Me disculpé mientras intentaba subirme los pantalones.

Mi voz salió un poco quebrada, estaba aterrado realmente (yo aterrado de un niño, jamás se me habría pasado por la mente).

Andy me observó completamente de arriba a abajo, hasta que sus ojos se centraron en mi teléfono.

Ahí me di cuenta de que el vídeo seguía en reproducción y a pleno volumen.

Lo saqué rápidamente y volví a disculparme.

—Por favor no le digas a tu mamá. Pensé que estabas durmiendo, no va a volver a pasar—

—A mí también me gustan los hombres—  contestó con una mueca pícara. Yo quedé helado y sin palabras.

Andy se acercó rápidamente, y se acercó tanto al punto de que nuestras narices se tocaban, y lentamente sus labios calientes tocaron los míos.

Aunque yo seguía en shock, “el de abajo” ya había tomado forma de nuevo, y la suave mano de Andy recorrió mi abdomen hasta meterse en mi bóxer agarrando mis huevos —Me gusta— susurró.

Yo me volví loco, la situación había dado un giro de 180° y todo sucedía muy rápido, Era demasiado todo: susto, impresión, excitación, calentura (esta última multiplicada por 100 por la abstinencia de la cuarentena)

Me dejé llevar, y correspondí su beso, un beso que comenzó suave y terminó en pasión y frenesí.

Terminamos en el sillón, yo con Andy encima besándonos y rozándonos de manera desenfrenada.

Andy comenzó a bajar poco a poco hacia mi verga que estaba incontenible dentro del bóxer,

lo bajó y sentir el aire caliente de su nariz tocando mi verga fue algo fenomenal, pero lo fue más ver su boca abierta y sentir su lengua caliente, húmeda y exquisita pasar por mi glande.

Abrió mas la boca y metió toda la verga en su garganta (mi verga mide 15 cm, no es la gran cosa lo sé, pero estoy contento).

Era una cosa de película, los ojos verdes de Andy me observaban fijamente mientras chupaba,

solo él podría verse tan hermoso chupando una verga.

Por supuesto que no era experto pero no me importaban los dientes, nada.

No sé si era por el morbo o qué, pero estaba gozando como nunca lo había hecho, sentía un placer que nunca había sentido.

—No te olvides de los huevos— agarré su cabeza y lo apreté contra mis huevos mientras pasaba su lengua por todo mi escroto. Su lengua subió por todo mi abdomen y volvió a besarme.

Yo lo aparté y lo acosté, me saqué la remera de un tirón y lo mismo hice con su bóxer —Me toca— dije y agarré su verga que no era muy diferente a la mía.

Quería apretarla, morderla, olerla.

Era una verga hermosa, blanca, recta y con un glande rosado y cabezón. Puse mis labios en él y Andy soltó un suspiro y como si de una señal se tratara me la metí a la boca y chupe como nunca lo había hecho,

con deseo, con frenesí. Puedo dar fe de que es la verga más deliciosa que pude probar.

Andy se retorcía pero yo seguía chupando con muchas ganas, estaba deseoso de probar esa leche de jovencito — ¡Ahhh!— comenzó a gemir,

contrayendo el abdomen y supe que venía mi premio.

Aferré mis manos a las suyas, y él las apretó con fuerza mientras se retorcía y sentía su semen en mi boca.

Me lo tragué lentamente, apreciando su sabor y antes de acabarlo subí y agarré su mandíbula,

él comprendió inmediatamente lo que quería hacer y abrió su boca, dejé caer en su lengua lo que aun me quedaba y nos besamos.

Me acosté junto a él mientras seguíamos besándonos, ambos estábamos sudados, llenos de fluido y con la respiración y el corazón a mil por hora —Cogeme—  suplicó. En ese momento mi calentura se esfumó y retomé un poco la razón.

—No puedo, no tengo preservativo—  contesté un poco decepcionado. Deseaba con todas las ganas hacerlo, pero soy un gran partidario del sexo seguro.

—Yo sé donde los guarda mi mamá, vamos arriba— dijo dándome otro beso. Se levantó y me tomó de la mano.

Mientras subíamos las escaleras no podía dejar de ver ese pequeño y redondo culo blanco como la nieve que subía justo frente a mí.

Pasaron muchas cosas por mi cabeza mientras llegábamos al final de las escaleras; no podía creer que todo esté pasando; en lo rico que sería ese culo; en cómo iba a hacerlo; si duraría mucho o poco, y los más importante; pensaba en el después “¿Cómo hacer mañana?” “¿Cómo hacer como si nada de esto pasó?”

Llegamos a la habitación de su mamá, Andy me soltó y se dirigió a un escritorio del cual abrió un cajón, y de una cajita sacó un preservativo — ¿Listo?— preguntó mostrándomelo.

Yo me mordí el labio deseoso de hacerlo mío ya, Andy lo entendió y se acercó para besarnos otra vez.

Era increíble el poder que tenían sus besos, solo bastaba un toque de sus labios para que mi verga se ponga como piedra, llegaba a dolerme de lo dura que estaba.

—Sacate la remera— le ordené mientras tocaba cada parte de su hermoso, suave y delicado cuerpo.

Él me obedeció y lo hizo de un tirón. Lo cargué y sus piernas se enrollaron alrededor de mi cadera, escupí mis dedos y empecé a acariciar su agujero mientras nos besábamos.

Metí mi dedo índice y Andy soltó un gemido, podía sentir su verga punzante en mi abdomen.

Después de un minuto jugando con mi dedo dentro de su culo lo recosté suavemente en la cama boca abajo, abrí sus piernas y sus nalgas y di dos o tres escupitajos en su culo. Me puse el preservativo y ya listo empecé a meter mi verga poco a poco, Andy di un pequeño salto, pero me recosté encima —Tranquilo…— le susurré al odio. Seguí metiendo mi verga muy lento hasta que al cabo de un minuto ya estaba adentro. —Dame un beso— le pedí mientras dejaba que su culo se acostumbre.

Despacio empecé a meter y sacar mientras Andy se quejaba. No quería lastimarlo, ya que sé lo que se siente la primera vez que te la meten. Quería que lo disfrutara, que lo gozara y que lo recuerde. Seguí despacio hasta que al cabo de un rato comenzó a relajarse y pude acelerar un poco, Andy gemía y gemía mientras yo vea mi verga entrar y salir de ese culo, mis bolas chocaban en sus muslos mientras yo besaba toda su espalda.

Poco a poco la cosa se aceleró y Andy pasó de gemir a gritar, pero no de dolor sino de placer. Me recosté encima de él y empecé a embestirlo mientras lo besaba —Te amo, me encantas— solté en un momento. Ese niño es una cosa increíble, me tenia loco, era lo mejor que me había pasado hasta ahora.

—Tirame el pelo— dijo entre suspiros. Y yo por supuesto que lo obedecí y entrelacé mis dedos en sus rizos dorados mientras metía y sacaba mi verga. Andy tomó las riendas y comenzó mover su culo haciendo que mi verga entre y salga sola, estaba hecho todo un actor porno, aguantando como los dioses y pidiéndome más.

Lo tomé de los hombros y empecé a darle con todas mis fuerzas, le daba tan fuerte que me dolía, pero estaba ido, completamente fuera de mi, Andy comenzó a gritar mucho más fuerte a tal punto de que podría escucharlo alguien, pero eso me excitaba mucho más.

Aguanté lo máximo que pude, estaba muy sudado y sentía que ya no iba a aguantar más, estaba a punto de expulsar todo.

—¡Ahí viene!— grité, saqué mi verga y alcancé a sacar el preservativo de un tirón para tirar todo mi semen en su espalda, yo gritaba, me dolía pero a la vez sentí un placer enorme, tan grande que comencé a temblar y un mareo me nubló la vista por un momento. Terminé tirado sin fuerzas junto a Andy, que me observaba sudado e igual de exhausto. Su ojos verdes me vieron felices y me dedicó una sonrisa. Estábamos tan cansados que nos dormimos ahí mismo, desnudos y apretados. Me aferré a él como si fuera mi tesoro más preciado.

Gracias a Dios desperté media hora antes de que su madre llegue. Me levanté y busqué toda la ropa. Me quedé observándolo un momento mientras dormía, apreciando ese cuerpo hermoso y ese culo exquisito, era hermoso hasta durmiendo. Lo desperté y para cuando llegó su madre ambos estábamos desayunando tranquilamente. Él me hacia caras insinuantes y ambos nos reíamos. Llegó la hora de irme y me despedí de su madre la cual me dio mi pago, en la puerta llamé a Andy y este apareció feliz, aprovechando que su mamá había desaparecido del lugar aproveché para darle un beso apasionado.

—¿No me ibas a saludar?— dijo mientras tocaba mi bulto.

Le di el último beso y me despedí —Nos vemos en una semana…—

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