Es muy normal que, cuando nos paremos a valorar lo que las otras personas significan para nosotros, extraigamos conclusiones muy radicales, sin medias tintas. En lo que se refiere a los sentimientos, tendemos a no ver grises: todo es o blanco, o negro. Puede que esto tenga que ver con nuestra necesidad de creer que nuestras vidas tienen un significado por el hecho de estar ligados a personas excepcionales, pero al fin y al cabo, en la mayoría de las ocasiones la experiencia nos demuestra que todos tenemos defectos.

Ahora bien… ¿qué pasa cuando específicamente nos centramos en el mundo de la búsqueda de pareja? Al fin y al cabo, aunque todas las personas tengan imperfecciones, podemos llegar a creer en la pareja ideal. Simplemente, esta sería aquella que independientemente de sus defectos, encaja con nosotros a la perfección.

¿Pero es esta una idea razonable, o es una simple fantasía? A fin de cuentas, del mismo modo en el que podemos creer que no existen las personas perfectas, podemos considerar que tampoco existen las relaciones libres de cualquier fallo. ¿Existen de verdad las parejas ideales?

¿Qué es una pareja ideal?

Tal y como hemos visto, la principal característica de una pareja ideal es que, en teoría, es 100% compatible con nosotros. Alguien que, por ejemplo, tiene unas debilidades que se ven compensadas por las fortalezas de la persona con la que mantiene un vínculo amoroso. O, por otro lado, alguien que es capaz de adaptarse a las necesidades de la otra persona.

Esta descripción de lo que es una pareja ideal debería alejarnos de esa idea estereotipada de los maridos o de las esposas que están todo el día sonriendo y mostrando constantemente una faceta propia de un personaje de televisión en una serie para toda la familia. Una pareja ideal tiene sus malos momentos, pero estos no rompen por completo la dinámica de la relación.

Esta idea no es del todo descabellada, pero encierra una trampa. Esta trampa es que el simple hecho de tener como referencia el concepto de “pareja ideal” nos puede llevar a menospreciar a aquellas personas que realmente son perfectamente válidas para ocupar un puesto esencial en nuestras vidas. Tener las expectativas fijadas en un ideal nos distrae de las personas de carne y hueso, aquellas que de verdad existen.

El refugio de las expectativas

Con el concepto de la pareja ideal ocurre algo parecido a lo que se da en personas que en vez de cambiar su realidad, se contentan imaginando una mejor.

Fantasear con estar con una persona perfecta puede ser agradable, pero no puede ser un sustitutivo de una vida afectiva verdadera. A fin de cuentas, de por sí, alguien que solo existe en nuestra imaginación no tiene por qué tener características que nos decepcionen. El hecho de imaginar a alguien perfecto implica que imaginaremos a alguien incompleto.

En cambio, alguien de verdad sí que tiene cientos de características que no resultan ideales, pero eso es porque existe: porque su físico es de una manera y no de otra según nos convenga, porque su personalidad no depende de nuestros intereses en cada momento, y porque sus habilidades tienen que ver con toda una historia de aprendizaje y de paso por la vida, no con la improvisación de la actividad de fantasear.

Un tipo de soledad disfrazada

La búsqueda de la pareja perfecta es, aunque resulte paradógico, una manera de comprometerse con la soledad y perpetuar el aislamiento. Mientras una persona tenga en mente la idea de que su vida amorosa debe estar centrada en la búsqueda de alguien ideal, no solo se sentirá separada del resto de personas a causa de una barrera emocional.

Además, puede esa situación puede entrañar el peligro de que se comprometa a largo plazo con ese aislamiento que en realidad no disfruta, pero que se esfuerza por alimentar.

¿Por qué? Porque si alguien cree que está esperando a la pareja ideal, encuentra en esa creencia una justificación para su soledad. La viste con un disfraz de nobleza, de romanticismo, como si pasar por esa larga espera nos hiciera mejores o nos expusiera más a las posibilidades de llegar a una persona que por definición no existe.

Cuando alguien se da cuentas de que ha estado invirtiendo tiempo y dinero en una búsqueda que no muestra señales determinar pronto, acostumbra a obsesionarse con continuar con ello, para darle sentido a los sacrificios del pasado.

Esta obsesión puede llegar a ser aún más peligrosa si tiene que ver con la búsqueda de la persona ideal. El motivo de esto es que quien se toma en serio la idea de la pareja perfecta, probablemente le habrá reservado a esa figura imaginaria un rol muy importante en la vida que uno se espera tener en el futuro.

Una trampa en el amor

En conclusión, la idea de la pareja ideal no solo es poco realista. Además, puede resultar dañina para ciertas personas propensas a tomarse muy en serio este concepto. Vivir de un futuro imaginado no suele compensar por las frustraciones del presente.

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